Por Masiosare
Hoy 10:33
Algunos analistas comenzaron a advertir sobre el riesgo de que la Secretaría de Hacienda aumente los impuestos, derivado de la estimación de gastos para el ejercicio 2010 que dicha secretaría envió al congreso, en la cual propone un gasto de 3.18 billones de pesos, lo cual es mayor en 50 mil millones de pesos a lo estimado para 2009.
De esta forma, se puede prever que la intención del secretario de Hacienda es la de aumentar el gasto corriente con cargo al erario vía impuestos.
Tal como este tecleador lo ha venido advirtiendo, la disminución de la actividad económica se hace ya evidente incluso en el ejercicio del gasto gubernamental (desde luego, uno esperaría que mejor se bajaran el sueldo y bajaran el gasto gubernamental), aunque esto no es el único motivo por el cual se prevén menores ingresos. Además de la caída en la recaudación fiscal, se tiene que tomar en cuenta la baja de ingresos por remesas, así como la caída en los precios del petróleo, ya que para ese tiempo se acaban las coberturas petroleras.
A pesar de eso, Carstens insiste en aumentar el gasto en 50 mil millones de pesos, ya que según la propuesta enviada al congreso, Hacienda espera 93 mil millones de pesos adicionales por recaudación fiscal, producto de “medidas fiscales que compensan la pérdida de la recaudación como consecuencia de la menor actividad económica".
Lo primero que se nos viene a la mente es: ¿Cuáles son esas “medidas fiscales”? Para poder aumentar el gasto, Hacienda no tendría otra opción más que aumentar los impuestos. Así que, seguramente ya se tiene preparada la ley que permita gravar con IVA los alimentos y las medicinas, entre otros aumentos. Olvídese entonces de que se salve de pagar la tenencia.
La seguridad y soltura con la cual Hacienda habla al respecto, parecen indicar que esto ya está cocinado en los “cuartitos oscuros” del Congreso, avalado por el PRI, el PAN y el PRD. ¿Qué recibirá Jesús Ortega a cambio, en caso de que también el PRD avale esta propuesta? Al respecto, el especialista Óscar Adame menciona que se le hace muy “sospechosista” (Chago Creel dixit) es que la aprobación de la reforma constitucional sobre amparo fiscal fue votada en tiempo récord por los diputados. Saque usted, estimado lector, sus propias conclusiones. Ni Maquiavelo.
Pero esperen un momento… Recordará usted que hace dos semanas, se anunció con bombo y platillo la asignación de una línea de crédito abierta por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) por 48 mil millones de dólares, para rescatar a las empresas. Fíjese bien en cuál es la visión de este (des)gobierno: se endeuda al país para rescatar a los empresarios. A cambio, la ciudadanía paga más impuestos.
Lo que más causa escozor, es ver en lo que se gastan dichos impuestos: en sueldotes para magistrados, en aumentos de sueldo para altos funcionarios, en “dietas” (¿de engorda?) para los pinches barrigones del Congreso, en campañas políticas y demás idioteces.
¿Y la reforma fiscal “apá”?, dirían algunos “catastrofistas” a priori. ¿Por qué Carstens nunca trabajó en una reforma que ampliara la base de contribuyentes y considerara meter en cintura a la economía informal? Parece como si les diera miedo, o como si de plano, no tuvieran ni idea de cómo hacerlo.
Como es ya costumbre, los contribuyentes cautivos, ésos trabajadores que no pueden decir ni pío porque su sueldo ya les llega con su respectivo descuento por impuestos, son lo que terminarán una vez más poniendo más dinero. Los pequeños y medianos empresarios seguirán comiéndose las uñas para no sucumbir ante un mercado voraz, mientras a los grandes empresarios se le siguen devolviendo cantidades estratosféricas de impuestos.
¡Qué bonita familia!
jueves, 9 de abril de 2009
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